13 enero 2006

LOS PELIGROSOS MEMES DEL ESTATUTO CATALÁN


Los memes son un invento conceptual de R.Dawkins, que en su célebre y magnífico libro titulado “El gen egoísta” elaboró una teoría evolutiva de la cultura, a partir de una unidad básica replicativa, análoga al gen biológico, que es el meme. Los memes son ideas, conceptos, representaciones, símbolos o fórmulas exitosas que se replican de cerebro en celebro, por medio de vectores distintos, como pueden ser la palabra, los escritos, las fórmulas, los lenguajes artificiales - como el matemático - o el de las lógicas formales. En torno a los memes se ha desarrollado toda una teoría y lógica memética, cada día más compleja y elaborada, aunque todavía no haya demostrado su vigor heurístico, con respecto a otras teorías de la evolución cultural, que aspiran a una “nueva síntesis” entre biología (genética y epigenética y ambiente) y cultura. Pero que no haya demostrado todavía su superioridad como “nueva síntesis” no significa que no haya mostrado ya muy buenas maneras en la explicación y descripción de algunas reglas de determinados tipos de transmisión exitosa de conceptos, ideas, símbolos, creencias etc. ¿Qué tipo de transmisión cultural? Aquellas que se transmiten de manera no reflexiva. La lógica del rumor, de las creencias no racionalizadas, de la toma de decisiones bajo un nivel de estrés decisional y mucha incertidumbre: En general la información con muy alto contenido emocional y donde hay una suspensión o disminución drástica de los componentes reflexivos (tanto analíticos como asociativos). La transmisión de los memes, que se deduce de las ilusiones cognitivas, se adaptan bastante bien a la lógica de replicación memética, por estar sustentado en un “efecto de ilusión”, que es ensimismo memético.
La utilidad de la lógica memética no reside, a mi entender, en la explicación ni en la comprensión de las causas y determinaciones, de todo tipo, de los memes; sólo se limita a describir las reglas de transmisión irreflexiva y exitosa de los mismos. Esto implica una primera selección entre unos memes y otros.
No todos los memes son igualmente transmisibles de manera irreflexiva. Por ejemplo, los memes religiosos, o mágicos, o supersticiosos son más adaptables a las reglas de transmisión memética que los memes de la física newtoniana o del derecho constitucional moderno. No nos detendremos aquí en describir las notas formales que favorecen que un meme tenga más éxito en la replicación automática. Pero sí queremos apuntar que algunas características formales, como la vaciedad semiótica, la carga emotiva o expresionista de algunos memes, favorecen este tipo de transmisión memética.
Un caso claro de memes exitosos políticos son los difundidos por el nacionalismo (la patria, el territorio, la historia) o por el racismo (etnia, raza). Por medio de estos memes, se difunde, a una velocidad, cantidad y éxito considerables, creencias y las conductas consiguientes que, de haber pasado por el tamiz crítico y reflexivo (y por tanto dialógico), posiblemente su difusión hubiese sido mucho más lenta, dificultosa y mucho menos exitosa.
El proyecto de reforma del Estatuto de Cataluña contiene algunos ejemplos magníficos de transmisión memética, propios del “efecto ilusión” que genera el discurso nacionalista convencional. Los memes peligrosos del proyecto de reforma del Estatuto de Cataluña suponen un peligro para lacultura democrática, republicana e igualitaria y un pasillo ideológico para la derecha españolista y xenófoba y para los planteamientos neoliberales.
¿Cuáles son esos memes peligrosos? Básicamente son cuatro: el meme de los derechos colectivos, el meme de los derechos históricos, el meme de la esencia nacional y el meme del “latrocinio fiscal” (este último de raíz compartida entre nacionalismo y neoliberalismo, al estilo Liga Norte italiana). Los tres primeros memes tienden a deslocaliza, de los sujetos (los ciudadanos), los procedimientos y las instituciones democráticas y garantistas, las tomas de decisiones, hacia memes fantasmales (de fuerte vació semiótico y sobresaturación emocional) como la nación, la historia, la etnia, la patria. Estos memes requieren y remiten siempre “equipos de hermeneutas profesionales” que interpretan qué es la historia, quién decide los derechos colectivos o qué debe hacer la patria en detrimento de los ciudadanos individuales y concretos, la transparencia, el Estado de Derecho y otros procedimientos democráticos y republicanos de decisión.
El meme del “latrocinio fiscal”, por el cual las Comunidades Autónomas “ricas” (como Cataluña, pero aún más Madrid o Baleares) son explotadas y robadas por las comunidades “pobres”, debido a que el saldo fiscal entre la carga fiscal soportada sobre vecinos de estas comunidades es superior a la inversión del Estado en estas comunidades, representa una curiosa mixtura entre nacionalismo y neoliberalismo. Nacionalismo, porque se sustenta sobre los memes de la nación, los derechos colectivos e históricos, es decir, sobre una falacia hipostática que confiere naturaleza de individuos a memes abstractos, como la nación, la patria o la comunidad histórica nacional. Y neoliberalismo, porque sostiene que debe haber una simetría entre las aportaciones fiscales y las inversiones y servicios que se reciben del Estado. Esto supone la destrucción de la función pública de la fiscalidad y de la teoría de los bienes públicos y, por supuesto, la renuncia a la aspiración de una igualdad básica de servicios, que debería garantizar el Estado para todos los ciudadanos, como realización de los derechos fundamentales. La justicia, como igualdad e imparcialidad, es sustituida por la desigualdad y la solidaridad compasiva residual (el capitalismo compasivo de los “neocon” USA). Ésta deriva del capitalismo compasivo. Se sitúa en las antípodas de las nuevas demandas sociales de la izquierda, como es la Renta Básica Universal que desvincula el derecho a una existencia digna del salario y la producción económica mercantilizada.
La falacia hipostática es un buen vector de transmisión de memes, pues se fundamenta en la confusión entre “hechos brutos” y “hechos institucionales” - por usar la distinción de Ryle -. De este modo, se convierte un “hecho institucional” (una convención producto de la decisiones humanas), como es la nación, en un hecho bruto, como es una montaña o un árbol (un hecho objetivo ajeno a la voluntad social). Esta argumentación falaz produce “una ilusión de realidad” sobre los productos convencionales, como es la nación.
El recurso a la Historia y a los derechos históricos incurre también en dos tipos de falacias. Una primera es la “pots hoc, ergo proper hoc” (lo que está antes, es causa de); la causa de los derechos nacionales reside en la existencia de unos derechos históricos anteriores. Y una segunda falacia es la falacia naturalista, donde se confunde el contexto de explicación y el contexto de justificación. La historia puede servir para explicar la situación presente (contexto de explicación) pero no es un fundamento válido de justificación normativa. El fundamento del nacionalismo democrático y republicano no puede ser nunca la tradición o la historia. Ese recurso involucionista a la tradición y la historia es propio del nacionalismo reaccionario alemán reactivo, frente a la propuesta republicana revolucionaria francesa.
¿Se imaginan qué seria de la izquierda, del socialismo, de la ecología política, del feminismo inserto en una cultura política penetrada por esta lógica memética de las falacias descritas? ¿Qué peligro tienen estos memes fantasmales de la nación, los derechos históricos en manso del españolismo derechista? ¿No es, en realidad, el nacionalismo español, el modelo que copia el Estatut, en estas definiciones esencialistas de la nación o los derechos históricos?¿Qué podrán hacer los neoliberales con la cuestión del esfuerzo fiscal, si lo aplican a los individuos, a las clases sociales, las etnias o a los emigrantes?. Miedo me da… No es esta la cultura política que necesitamos a comienzos del siglo XXI.

1 comentario:

Miquel Àngel Llauger dijo...

Amigo Curro: acabo de leer tu comentario sobre los "memes del Estatuto catalán". He disfrutado, naturalmente, de su brillantez intelectual (de verdad),pero querría hacer algún comentario. Vaya por delante que no dispongo ni del aparato conceptual ni del tiempo para responder al mismo nivel. Vaya por delane, también, que contesto desde la amistad y desde la coincidencia contigo en muchas cosas.
Desmontas las falacias de los derechos históricos, los derechos colectivos y la nación entendida como esencia previa a la comunidad actual de ciudadanos describiéndolos como "memes". Hay que decir, al respecto, que la nación española como esencia, como realidad fundadora, o como Santo Grial que es sacrílego romper, son "memes" igualmente, y que además en este caso son esgrimidos por los más memos. El juego de palabras es fácil, pero describe mucho la realidad. Decir esto tampoco es contradecir el artículo, y ya sé que estarás de acuerdo en ello. Por otra parte, yo también puedo estar bastante de acuerdo en tu crítica del esencialismo romántico con que muchos defienden el Estatut (y que el redactor del Preámbulo se había inyectado por vía intravenosa).
Me gustaría saber, sin embargo, en qué se traduce esa crítica de alto nivel conceptual en posición política frente al Estatuto: frente a la asunción de nuevas competencias por parte de Cataluña, por ejemplo, o frente a la famosa cuestión del deber del conocimiento de catalán. Defiendo, en este sentido, el avance de en el autogobierno de las comunidades autónomas por motivos de operatividad y de democracia.
Déjame añadir, además, que la crítica a la retórica esencialista lleva mucha razón, pero que, operando en el terreno de la política, no podemos dejar de ver que existen (existen de verdad, no el el mundo de Platón, y son medibles demoscópicamente) cosas como el sentimiento de pertenencia o el deseo de mayor autonomía.
Diría algo parecido sobre la cuestión del "latrocinio fiscal". Seguro que también lleva parte de razón tu análisis que lo asimila a posiciones neoliberales y hace la reductio ad absurdum (algún latinajo, yo también) de que sería aplicable a relaciones entre autóctonos e inmigrantes. Ahora bien, de nuevo miremos a la realidad de comunidades autónomas teóricamente "ricas", como la nuestra, que tienen los peores índices de gasto público por habitante o, directamente, de camas de hospital por habitante. O a la realidad de comunidades autónomas con competencias que ejercen de mala manera por culpa de una financiación insuficiente. De la fórmula acordada de financiación de Cataluña (más allá de tu análisis) creo que hay que decir sobre todo que es justa porque, básicamente, es generalizable. No se trata tanto de que Cataluña gane a costa de los otros como que el conjunto de la administración autonómica gane respecto a la central.
Valga esto como aportación al debate sobre modelo de estado del sábado, que tal vez me pille fuera del Consejo (vengo a Madrid pero por la mañana voy a otro sitio).
Para resumirlo: creo que los Verdes (pudiendo hacer objeciones en el terreno más abstracto, y pudiendo hacer propuestas del tipo de acentuar la carga ecológica del capítulo de principios rectores) no podemos salir al debate del Estatut con una posición que sea entendida como de defensa de que sea rebajado (y la proyección mediática de la política, como sabes, no da para discusiones filosóficas).
Defender cualquier cosa que parezca (repito: que parezca) que queremos aplicar las tijeras centralistas al Estatut sería, creo, una equivocación.