10 diciembre 2007

El peligroso virus de las Balanzas Fiscales




La Fundación del BBVA acaba de publicar un estudio sobre las controvertidas balanzas fiscales de las Comunidades Autónomas. La publicación de estas balanzas es una reivindicación, no satisfecha, de los nacionalistas catalanes al gobierno central. Significativamente, los nacionalistas vascos no han solicitado nunca nada parecido y no han mostrado ningún interés especial en saber cuál es su saldo.



La controversia sobre las balanzas fiscales plantea serios problemas metodológicos, que relativizan los saldos autonómicos resultantes. Estos problemas afectan a la regionalización de las inversiones públicas estatales y de las aportaciones fiscales, especialmente a determinados impuestos como el impuesto de sociedades, pero que afecta también al mismo IRPF. Los flujos comerciales tampoco tienen una traslación directa a un marco regional, tal como presuponen las balanzas fiscales autonómicas.



Pero, si es defectuosa la metodología y engañosos los resultados de las balanzas fiscales, aún son más preocupantes las conclusiones que se deducen a partir de éstas. Pero sobre esto, que es quizás lo más importante, volveremos luego. Ahora, vamos a dar una mirada crítica a los resultados publicados en este trabajo de la Fundación del BBVA.



La primera impresión que se tiene de una lectura rápida de los datos de estas balanzas se centra en tres datos interesantes. El primer dato es que al catalanismo le ha salido el tiro por la culata: Madrid es la Comunidad Autónoma que tiene un mayor déficit en sus balanzas fiscales con el Estado (-2302 per cápita). Madrid es la comunidad más explotada y colonizada de todo el Estado. ¡Quién lo iba a decir¡ Pobrecitos centralistas madrileños: creen que mandan, pero, en realidad, están siendo explotados por el resto. Según el razonamiento catalanista, Madrid tendría más razones para solicitar la autodeterminación que Cataluña. ¿Cómo que no ha surgido todavía un movimiento secesionista madrileño?



Otro dato curioso es que las colonizadas y explotadas tierras vascas (incluido Nafarroa, por usar la denominación adecuada al ambiente), tiene un saldo fiscal positivo de 792 euros per cápita (País Vasco) y 584 (Nafarroa). Y tienen un saldo fiscal positivo, a pesar de que son la segunda y la tercera comunidad en PIB per cápita de todo el Estado. Es decir, que a pesar de que son comunidades ricas, reciben ayudas adicionales del Estado, como si fueran Extremadura. Ahora entendemos por qué a los nacionalistas vascos y a los conservadores navarros (UPN-PP) nunca les ha interesado este tema.



El tercer dato es el único esperado: las Comunidades menos desarrolladas tienen una balanza fiscal positiva. Reciben en inversión pública estatal más de lo que aportan fiscalmente. Pero esto es para lo que se suponía que sirven los fondos de solidaridad interterritorial. Andalucía (1421) tiene casi el mismo balance positivo que Galicia (1422), y le superan ampliamente comunidades como Extremadura (2375), Melilla (3394) o Ceuta (2970).



La réplica de cualquier catalanista fiscal es clara e inmediata: los datos de Madrid están distorsionados por el efecto capitalidad. Si a Madrid le retiramos la capitalidad y su especial relación con el resto de Comunidades, este saldo negativo desaparecería. Sin lugar a dudas el “efecto capitalidad” existe y tiene un gran impacto. Esto explicaría por qué en Madrid nadie quiere independizarse.



¿Pero no existe también un “efecto de centralidad económica” en Cataluña y, más concretamente, en Barcelona y su entorno? ¿No le ocurriría a Cataluña igual que a Madrid, si se cortara la relación con el resto de las Comunidades? tampoco habría un saldo fiscal tan negativo ¿Y no explicaría esto también por qué el propio nacionalismo catalán no busca, aunque amenaza con ello, la secesión, sino la federación asimétrica. ¿Los nacionalista catalanes buscan un relación privilegio del tipo de la que ya tienen Navarra y País Vasco. ¿No es el concierto vasco y navarro, el deseo, cada vez menos disimulado, del nacionalismo catalán?



Y lo cierto es que el concierto vasco y navarro es para desearlo. Comunidades ricas con el “efecto centralidad económica” a su favor y, además, con saldos fiscales muy positivos. Alguien podría preguntarse legítimamente: ¿si es eso lo que buscan, por qué no lo dicen y se dejan de monsergas identitarias? Pues porque conocen bien la lección de la estrategia identitaria. Se invocan aspectos simbólicos, y se termina hablando de negocios. Esa ha sido la justificación vasca: tienen régimen fiscal, que tiene por razón los “derechos históricos”. Algo así como una herencia colectiva. El nacionalismo catalán aduce también la historicidad de su nación, parar mejorar los saldos fiscales.


Esto de los “derechos históricos” es otro de los peligrosos virus. Pero de esto ya hablamos a propósito del Estatuto de Cataluña. Volvamos al problema. Los paradójicos datos de las balanzas fiscales desmienten la tesis de una Cataluña explotada por Madrid, y también desmienten la visión españolista de una Cataluña que explota y roba al resto de Comunidades. Sólo si admitimos la existencia de un “efecto de centralidad económica y política”, es posible entender los resultados que arrojan estas balanzas fiscales, publicadas por la Fundación del BBVA.
Sin la legitimación histórico-identitaria no sería posible el discurso de la legitimación de la desigualdad al que sirve el constructo, más ideológico que técnico, de las balanzas fiscales. ¿Pues, por qué no hacer las balanzas fiscales entre provincias o entre ciudades? Y si hacemos el cálculo individualmente o por clases sociales o por etnias…


Las balanzas fiscales abren la puerta a una ecuación de ética fiscal muy peligrosa para los derechos sociales: debemos recibir del Estado el equivalente de aquello que pagamos fiscalmente. Si aplicamos este criterio, está claro que el señor Botín tiene un déficit fiscal brutal. ¿Ha de recibir, un catedrático, el mismo servicio de salud pública que el bedel de la Facultad? ¿Por qué, si el catedrático contribuye más fiscalmente que el bedel?. El peligro de este virus es que por mucho que el manto identitario nacionalista pretenda recluirlo en el estrecho ámbito autonómico, el virus se replicará fuera de esos espacios, hacia la vida social misma. Y entonces vendrá el rechinar de dientes…

1 comentario:

BohemiaMar dijo...

Y mientras tanto más del 20% de la población española vive por debajo del umbral de la pobreza.
Os dejo mis felicitaciones y un fuerte abrazo.